REFLEXIÓN · · 3 MIN
Patito y nuestros héroes urbanos
En memoria de Asael Uh Escalante, «Patito»
Hay personas que nos ayudan a reconocer nuestra ciudad con solo verlas. Patito era una de ellas. Si creciste en Chetumal, seguramente lo recuerdas: con su gorra de policía y su silbato, ayudando a cruzar la calle, ordenando el tráfico a su manera o marchando orgulloso en los desfiles al ritmo de las bandas de guerra. Soñaba con ser policía, y a su manera lo fue. Su nombre era Asael Uh Escalante, chetumaleño, el segundo de doce hermanos. Se nos fue el pasado 12 de octubre.
Lo vimos por años en los cruces y alrededor del Mercado Viejo, desde los tiempos de la zona libre. Alguien le regaló aquella gorra y él la guardó como un tesoro, junto con sus silbatos y una corbata. Hubo quien, con cariño, le llamó «comandante». Sin darnos cuenta, se volvió parte de nuestro paisaje, tan nuestro como el mercado o el boulevard.
Me tocó verlo convivir con la gente y ver cómo algunos le acercaban alimento, ropa u otras ayudas, cuando él las aceptaba o las pedía. Era un alma libre, muy a su estilo.
Y no estaba solo. En una entrevista de 2018, su hermano Benjamín, que vendía periódicos y revistas en los cruceros, lo resumió así: «Mi hermano es un ángel». Vecinos, taxistas y policías también lo cuidaban y lo llevaban a casa. En esos gestos sencillos, un saludo, un plato de comida, un lugar en la banqueta, también se construye una ciudad.
Su partida también nos deja una pregunta incómoda, y varios chetumaleños la han planteado con claridad en redes: ¿por qué solemos acordarnos de las personas cuando ya no están? Patito vivió etapas de soledad y vulnerabilidad, y en sus últimos días fue el centro Semillas de Esperanza el que le dio resguardo y acompañamiento. A ellos, y a quienes lo cuidaron en silencio durante años, les debemos gratitud.
Esa crítica es justa y nos compromete. Hoy hay otras personas en nuestras calles que necesitan atención. Honrar a Patito también es mirarlas: fortalecer refugios y centros de atención para personas en situación vulnerable, y lograr que el cariño que le tuvimos se convierta en cuidado concreto.
Por eso pienso en personajes como Patito como nuestros héroes urbanos y maestros de civilidad. Con su inocencia y su disposición espontánea para ayudar y participar en la vida de su ciudad, nos enseñaron respeto, paciencia y solidaridad, y nos recordaron que la dignidad de una persona no depende de su condición.
Ya había recibido un homenaje en vida: su retrato en el Mercado Viejo. Un amigo me comentó que el mural se pintó durante una de las administraciones de Eduardo Espinosa Abuxapqui como presidente municipal, y una nota de diciembre de 2020 cuenta que fue un grupo de jóvenes, dentro de un proyecto de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento para decorar los pasillos del mercado, quienes decidieron plasmarlo en uno de sus murales. Las fotos en las que Patito posa sonriente junto a su imagen dicen más que cualquier placa.
Eduardo Espinosa Abuxapqui ha propuesto que un parque, una plazoleta o un espacio de convivencia lleve su nombre, escuchando a su familia y a la comunidad. Me sumo. Y propongo que ese lugar tenga una leyenda sobre el respeto, el cuidado y el derecho de toda persona a recibir atención digna, respetando su voluntad y su libertad. Que no sea solo un nombre, sino un compromiso.
Su historia puede abrir algo más grande: una ruta de memoria urbana que reúna a nuestros personajes, murales, mercados y relatos. Documentada con familiares, comerciantes, vecinos y cronistas, con fotografías, recorridos guiados o relatos sonoros, permitiría que quien nos visita conozca el alma de nuestras calles y que nuestros hijos descubran de dónde vienen. Contada con respeto, daría trabajo a guías, artistas y comercios locales, y nos ayudaría a no olvidar.
Seguramente tú también tienes un recuerdo de Patito: un saludo en el semáforo, un desfile, una fotografía. Compártelo. Así lo seguimos contando entre todos.
Que su nombre encuentre un lugar en Chetumal, como ya lo tiene, bien lo dijo Eduardo, en el corazón de su gente. Y que su recuerdo nos enseñe a cuidar mejor, a convivir mejor y a valorar lo que somos.